Necrópolis de Alhambra

Sobre este lugar

La necrópolis visigoda de Alhambra se localiza en la falda del cerro sobre el que se asienta la población, en un entorno que resume muy bien la extraordinaria continuidad histórica de este enclave del Campo de Montiel.

Muy próxima al núcleo urbano y vinculada al área donde se sucedieron ocupaciones desde época ibérica y romana hasta la Edad Media, constituye uno de los testimonios más relevantes del pasado tardoantiguo de la localidad. Su emplazamiento al pie del cerro permite comprender cómo el poblamiento de Alhambra no se limita a su casco histórico actual, sino que se extiende por un paisaje arqueológico de gran riqueza y profundidad temporal.

El hallazgo de esta necrópolis confirmó la importancia de Alhambra también en época visigoda. En 1956 se documentó al pie del cerro una treintena de sepulturas de distinta tipología, organizadas en diez filas con un trazado bastante regular, excavado sorbe la roca de arenisca característica de la zona.

Posteriormente, el espacio funerario fue excavado en tres intervenciones arqueológicas, desarrolladas en 1989, 1994 y 1997, lo que permitió avanzar en el estudio de su cronología, de los ajuares y de las formas de enterramiento. Entre los materiales asociados destacan cuentas de collar con piedras de azabache y una estela funeraria con figura femenina, toscamente labrada en piedra caliza, hoy conservada en los fondos del Museo Arqueológico Nacional. En conjunto, la documentación señala la existencia de unas doscientas sepulturas, lo que da idea de la entidad del cementerio.

La necrópolis presenta rasgos de gran interés para conocer las prácticas funerarias del momento. Salvo una excepción, todas las tumbas se disponían en sentido oeste-este, con los pies orientados hacia el este.

Aunque muchas inhumaciones fueron abiertas y saqueadas, el conjunto sigue siendo una referencia esencial para entender la transición entre el mundo romano y la Alta Edad Media en Alhambra.

Datos de interés

  • El espacio de la necrópolis nos permite acercarnos a uno de los testimonios más relevantes de la Alhambra visigoda.
  • La disposición regular de las sepulturas y su orientación oeste-este ayudan a comprender las prácticas funerarias de este periodo.
  • Las cuentas de collar de azabache y la estela funeraria femenina refuerzan el interés arqueológico y simbólico del conjunto.
  • Su localización en la falda del cerro permite leer la continuidad histórica del lugar desde la Antigüedad hasta la Edad Media.

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